fLash Blog

¿QUÉ CARA QUIERES DARLE AL MUNDO?


Creado por Mirada Flash el 03 agosto 2017

Share




Porque verse bien ayuda a sentirse mejor, redescubre el poder del maquillaje.

Hace tiempo, el eslogan de una exclusiva tienda departamental señalaba: “Un psicoanalista nunca entenderá el poder curativo de un vestido nuevo”. Cierto, pero todo parece indicar que los discípulos de Sigmund Freud conocen muy bien los alcances del maquillaje. La doctora Olga Santa María Pombo –psicoanalista, psicoterapeuta y psicóloga–, indica que “la apariencia puede ser un agente crucial para construir fortalezas o reforzar creencias limitantes, sobre todo cuando se vive en un entorno o se atraviesa una etapa de desarrollo durante los cuales la valoración física se antepone a otros aspectos”.

AL MAL TIEMPO…

“Si no estoy trabajando, casi nunca uso maquillaje, pero he comprobado que la base correcta te puede cambiar la cara”, dice Kedall Jenner, y esta vez, tiene toda la razón. Quizá la preponderancia del maquillaje sea limitada, por lo que nadie se atrevería a decir que un poco de mascara de pestañas, delineador y blush pueden sustituir los antidepresivos médicamente recetados, o bien, que dominar la técnica del contouring hará que superes en tiempo récord un periodo de duelo. Estamos hablando de sombras, iluminadores y lip gloss, no de magia, pero como dice la makeup artist y empresaria Bobbi Brown: “Un lipstick no hará que sonrías, pero puede hacer que tu sonrisa sea más bonita”. Es verdad.

MÁS ALLÁ DE LA VANIDAD

Como parte de su campaña “Belleza y Bienestar”, que promueve el consumo informado, la Cámara Nacional de la Industria de Productos Cosméticos (CANIPEC), ha dado a conocer mediante un comunicado de prensa que   ocuparse de la propia imagen no es necesariamente un asunto de vanidad; de hecho, la sana autopercepción es un principio clave en el bienestar personal. No es algo que pueda medirse de forma objetiva, pero cuando la autoestima es fuerte, la calidad de vida sube, queremos salir, hacer cosas, ver gente, nos sentimos más contentas”. En términos generales, encontramos bien con nosotras mismas no depende forzosamente de la belleza –una noción muy compleja de definir y que varía según factores culturales, sociales, geográficos y generacionales–, sino de estar cómodas con lo que somos y proyectamos. Ahí, justamente, es cuando todo el arsenal de tu cosmetiquera adquiere auténtica relevancia.

ALIADOS EN LAS BUENAS Y EN LAS MALAS

De una u otra forma, todas lo sabemos o, al menos, lo intuimos: los cosméticos son un recurso eficaz, una herramienta tanto lúdica como práctica que podemos disponer para adquirir mayor confianza. Un buen ejemplo lo constituye el programa de oncoestética “Luzca Bien… Siéntase Mejor”, que consiste en talleres de maquillaje en los cuales se les brinda a mujeres que se encuentran bajo  tratamiento oncológico productos de cuidado personal, skincare y maquillaje, mostrándoles cómo usarlos para ayudarlas a sobrellevar los efectos visibles de los procesos médicos que atraviesan. Algunos de los efectos colaterales del cáncer, como sabemos, es la pérdida de cabello, cejas y pestañas, así como la alteración de la tonalidad, textura y, en general, la calidad de la piel, lo cual representa para muchas personas un duro golpe a su autoestima, modificando de forma significativa los vínculos y las relaciones que establecen con una sociedad que parece juzgarlo todo conforme las apariencias.

Este programa ha tenido un efecto tan positivo en las pacientes que ya se ha expandido a una treintena de países, apoyando a miles de mujeres a fortalecer y, en ocasiones, recuperar su autoestima, impulsándolas a lucir mejor, reforzar su confianza e incentivar redes de ayuda para que, paulatinamente, retomen las pautas de una cotidianeidad que pueda establecerse dentro de los marcos referenciales de la “normalidad”.

Quizá sea desmedido asegurar que el maquillaje es una estrategia integral de transformación, que se trata de un sistema que actúa a niveles profundos y opera cambios fundamentales en las estructuras psico-emocionales; sin embargo, por modesto que sea su aporte, representa una manera segura, accesible y gozosa de “plantarle cara a la vida”, como se dice usualmente, y saber que contamos con una herramienta más que nos ayude a potenciar lo mejor de nosotras mismas. No, no es una máscara ni un engaño, es una acto de control y resistencia, un eficaz soporte, una determinación a no claudicar y, en no pocas ocasiones, la garantía de sonreírnos a nosotras mismas al mirarnos en el espejo.

FOTOS CORTESÍA PÚCURA MAKE UP, MAKE UP FOREVER, CHANEL Y PINTEREST.